La Cristiada
Investigación a partir de los archivos de Aurelio Robles Acevedo
LIBERTAD RELIGIOSAPAZCORRESPONSABILIDAD
Lic. Hist. Andrea Barrera Mendoza
1/11/202633 min read
Introducción.
Este es un documento realizado con el fin de dar a conocer las causas, consecuencias y resolución del conflicto que existió entre el clero y el estado a principios del siglo XX en nuestro país, realizado por la Lic. en Historia y especializada en archivística Andrea Barrera Mendoza quien es miembro de la Comisión Nacional de Arte Sacro A.C. y que ha dedicado cientos de horas a fin de desentrañar el contenido de los fondos documentales Aurelio Robles Acevedo, Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa, Movimiento Cristero, entre otros.
En este texto se busca dar claridad sobre los hechos y motivaciones que dieron lugar a la Guerra Cristera en nuestro país, así como dar más información sobre personajes que jugaron un papel fundamental durante el movimiento, más allá de los grandes caudillos, así como la construcción y operaciones de la de Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa, organismo económico, social y combativo que mantuvo viva la llama de la insurrección.
Este texto pretende dar al lector un panorama completo con rigor histórico sobre el movimiento y los sacrificios que debieron hacer los integrantes de la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa, a fin de mantener vivo el movimiento, y hacer una profunda reflexión; Sobre los costos económico, sociales y el impacto que puede tener un movimiento como este en el patrimonio cultural e histórico, y principalmente en vidas humanas buscando que nunca se vuelva a repetir.
Agradecemos a la Lic. Andrea Barrera Mendoza su invaluable trabajo principalmente en estos momentos de tribulación, entre el clero y el gobierno.
Antecedentes
La década de los años veinte del siglo pasado fue un periodo particular en cuanto a cuestiones de culto se refiere en el país, principalmente para los católicos, pues fue durante este periodo que se desarrolló la guerra cristera, específicamente de 1926 a 1929. Durante el gobierno de Álvaro Obregón surgieron disputas entre la Iglesia y el Estado ya que la primera buscaba más espacios para las expresiones católicas y el Estado no estaba dispuesto a darlos. Yves Bernardo Roger Solís sostiene que “el periodo del gobierno de Álvaro Obregón marcó el fortalecimiento del Estado revolucionario frente a los otros poderes que existían”1, es importante tener esto en cuenta, ya que nos ayuda a comprender mejor los acontecimientos que a continuación se mencionan.
“En febrero de 1921, dos bombas explotaron como represalia al discurso que dio el arzobispo de México, monseñor José Mora y del Río en contra de la Constitución (de 1917). En junio del mismo año, un atentado similar afectó la residencia del arzobispo de Guadalajara, monseñor Francisco Orozco y Jiménez. Finalmente, el 14 de noviembre de este año, se dio un atentado que horrorizó a los católicos: la voluntad de destruir la imagen de la Virgen de Guadalupe en la basílica.
En 1923, el presidente ordenó la expulsión del delegado apostólico, Ernesto Filippi como repuesta al evento organizado en el cerro del Cubilete para erigir un monumento en honor a Cristo Rey”. 2 Estas acciones hicieron que los católicos se preocuparan y que figuras como Miguel Palomar y Vizcarra3 creyeran que “Obregón era peligroso y se consideraba más peligroso que Calles porque había perseguido al congreso eucarístico en 1924, y por la destrucción del monumento a Cristo Rey en el cerro del Cubilete”4.
Por ello, las organizaciones católicas comenzaron a tomar un sentido político como es el caso de los círculos de obreros católicos y la Asociación Católica de la Juventud Mexicana, que poco a poco fueron creciendo y tomando más fuerza, debido a la creciente preocupación entre los católicos, el gobierno les prestó atención a detalle, pues los católicos comenzaban a ser una amenaza para el régimen. A la par de estos hechos se daba una sucesión presidencial en la cual, se encontraba Plutarco Elías Calles como candidato favorito pues contaba con el apoyo de Obregón y para desgracia de los católicos, era una persona anticlerical. Para algunas personas como Rafael Ceniceros y Villareal5 el triunfo de Calles fue ilegitimo, pues creía6 que éste mandó envenenar al General Ángel Flores quién era el candidato de oposición y contaba con el respaldo de los dirigentes políticos católicos.
Por consiguiente, los católicos buscaban una forma de organizarse y defenderse, ya que se sentían en peligro y es por ello que surgió la Liga Nacional de Defensa Religiosa que poco después se denominó Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa, en marzo de 1925, la cual “sería un recurso para oponerse al gobierno y enmendar las leyes, sin que se pudiera culpar a la iglesia de estar metida en política”7, debido a que meses antes algunos gobernadores comenzaron a tomar medidas contra el catolicismo, entre las que destaca la clausura de un seminario en Guadalajara.
La Liga en palabras de uno de sus fundadores “se organizó, no con el carácter propiamente de la dependencia del Episcopado, sino como un trabajo de seglares católicos, y seglares en general, amantes de la libertad y de los derechos fundamentales del individuo”8,se buscaba la unión de varias organizaciones católicas para la defensa de la religión, por tal motivo se adhirieron los Caballeros de Colón, la Unión de Damas Católicas, la Unión Popular9 (UP), la Asociación Católica de la Juventud Mexicana10 (ACJM) y varios sindicatos de obreros católicos, hicieron público su programa en la prensa11 en el cual exigían: • Libertad de enseñanza plena • Derecho común para los ciudadanos católicos • Derecho común para la Iglesia • Derecho común para los trabajadores católicos. También buscaban la derogación de los artículos 3°, 24 y principalmente el 130 de la Constitución12. “El episcopado ratificó la creación de la Liga, y desconocía los artículos antes mencionados de la Constitución”13, de manera que esto molestó al entonces presidente Calles, quien ordenó se cumplieran con rigurosidad dichos artículos en todos los estados y por ello se clausuraron algunos seminarios, centros religiosos y colegios, además el gobierno exigió que todos los sacerdotes se empadronaran.14
El conflicto
El 31 de julio de 1926, el episcopado mexicano de acuerdo con la Santa Sede decidió suspender el culto como protesta por no poder ejercer con toda libertad su función, por ello el culto se llevaba a cabo clandestinamente, los creyentes estaban enfurecidos porque las iglesias no estaban en servicio, por tal motivo los matrimonios, bautizos, funerales y todo acto religioso se llevaba a cabo de manera clandestina. La vida cotidiana de muchos mexicanos cambió drásticamente, y como consecuencia comenzaron a darse actos violentos por parte algunos católicos que querían ver restaurados los servicios.
En 1926 se reformó el Código Penal sobre delitos del fuero común y en materia de culto, pues tipificaba las actividades religiosas como delitos del orden común16, esto molestó tanto al episcopado como a los católicos, además hay que agregar que la Secretaría de Gobernación se hizo cargo de los sacerdotes extranjeros pues revisaba cada caso y cuando era conveniente se ejecutaban deportaciones, con esto quedaba claro que el poder político había iniciado un enfrentamiento contra la jerarquía eclesiástica.
En agosto de ese mismo año, comenzaron a darse levantamientos armados, la Iglesia negaba haber alentado esas acciones armadas y planteaba la búsqueda de una solución por vía pacífica, incluso el obispo Pascual Díaz y Barreto declaró al New York Times en agosto de 1926 que “la iglesia es absolutamente opuesta a uso de la fuerza armada”17, sin embargo, el cierre de los centros religiosos no contribuyó a dicha causa, por otro lado algunos sacerdotes apoyaron a aquellos que se levantaron en armas, tal es el caso del obispo Jesús Manríquez y Zárate18 y monseñor Francisco Orozco19.
Varios sacerdotes, la mayoría de los Estados de Guadalajara y Colima “se negaron abandonar a su rebaño”20 y de acuerdo con la información planteada por Jean Meyer 40 sacerdotes fueron favorables a los cristeros y 5 fueron combatientes,21 este apoyo para la Liga era esperanzador. Los primeros lugares en levantarse en armas fueron Jalisco, Zacatecas, Puebla, Guanajuato, Michoacán, Guerrero y Aguascalientes22, las asociaciones católicas comenzaron a unirse y a radicalizarse, pues se organizaban para establecer centros locales y buscar adhesiones para enfrentarse al gobierno, se buscaban fondos para conseguir armas y a ex militares23 para adoctrinamiento.
Para diciembre de 1926, “las autoridades locales, cuando no simpatizaban totalmente con los católicos, advertían al gobierno de la gravedad de la situación”24, por consiguiente, la relación entre autoridades locales y católicos era tensa. En 1927 había levantamientos en varios lugares sin que las autoridades locales pudieran controlarlos, en ocasiones los levantamientos se realizaban en acuerdo con el estado vecino, lo que intensificaba la agilidad y la actividad, por ello el ejército federal engrosó sus filas ese año a fin de poder contra restar el ataque25, sin embargo, era recurrente la deserción y por ello el ejército tenía problemas de reclutamiento, ambos bandos se encontraban en problemas ya que uno carecía de armamento y el otro de una milicia fiel, asimismo, “las fábricas de armamento y de municiones mexicanas no bastaban para equipar y aprovisionar al ejército”26.
El año de 1927 resultó muy crudo no solo para los cristeros y la milicia, sino también para los civiles, puesto que las poblaciones sufrían a causa de la represión, la escasez de alimento e incluso enfermedades, en definitiva, a consecuencia de la guerra. A finales de 1927, la paz se creía cercana con la intervención de un delegado apostólico de Estados Unidos, Pietro Fumasoni-Biondi y la participación del episcopado mexicano a través del secretario del comité episcopal, Pascual Díaz Barreto27, quienes establecieron canales para que el gobierno estadounidense y el gobierno mexicano pudieran encontrar la solución al conflicto religioso.“
La figura del delegado permitiría asegurar la unidad de acción de los obispos mexicanos (al menos en teoría) facilitarían el regreso de los obispos y sacerdotes a su ministerio”28, a pesar de todo, no se concretó nada y el conflicto siguió. A comienzos del año de 1928, “se podían calcular seriamente 25 000 cristeros en armas”29, pero el ejército federal contaba con 76,24330 efectivos aproximadamente, lo que le daba la ventaja numérica, igualmente los enfrentamientos continuaban, a veces favorables para un bando y a veces para el otro. Un hecho que marcó ese año, fue que “el alma de la tiranía” como llamaba Palomar y Vizcarra a Álvaro Obregón, fue asesinado el 17 de julio de 1928 por José de León Toral, miembro de la ACJM y de la Liga, dicha acción fue vista como un acto licito para los católicos, ya que “fue considerado como un soldado que mató a uno de los jefes del enemigo.
La lucha era legitima [...] los medios también eran legítimos”31, por otra parte, este acto le daba mayor legitimidad al gobierno para continuar su lucha. El asesinato de Obregón dio un breve respiro a los cristeros en el campo de batalla, ya que Calles se enfocó en la resolución de ese asunto, sin embargo, estos se encontraban en serios problemas pues “el dinero era necesario sobre todo para la compra de municiones, mucho más que para la de las armas”32, asimismo se estaban quedando sin alimento.
De cualquier modo, supieron aprovechar el tiempo y resurgieron los levantamientos, adquiriendo mayores proporciones, esto gracias al hábil líder militar con el que contaban Enrique Gorostieta, quien disciplinó a los cristeros y los supo organizar, al grado que resistieron bien la ofensiva después de su muerte. El arzobispo, Pascual Díaz y Barreto fue nombrado intermediario oficial por la Santa Sede, Barreto emitió una circular en la cual dejaba clara su postura respecto a la Liga: “Deben los Obispos no sólo abstenerse de apoyar la acción armada, sino también deben permanecer fuera y sobre cualquier partido político, aunque sea bueno y honesto...”33 Así se dejó en evidencia que el Papa apoyaba un arreglo, ya que “la decisión final no estaba en manos de los obispos, sino de la Santa Sede. En efecto, ningún obispo podía aceptar ninguna condición o resolución que no tuviese la aprobación del Santo Padre”34.
También el gobierno de Estados Unidos intervino para el arreglo del conflicto a través de su embajador Dwight Morrow, quien ayudó a concretar reuniones. Ahora bien, la Liga estaba en contra de cualquier pacto pues habían alcanzado una extensión territorial importante, y pensaban que “ese pacto fue desastroso”35,sin embargo, no pudieron evitar que cada vez más obispos se sumaban a favor de un arreglo. Jean Meyer sugiere que Emilio Portes Gil al llegar a la presidencia no quería entrometerse en la identidad de la Iglesia, ni intervenir en las funciones espirituales, pero quería mantener vigentes los artículos de la Constitución, por ello y para facilitar las negociaciones, los prelados y el clero se manifestaron ajenos al movimiento, sin embargo, esto no significaba condenar el movimiento36.
Los arreglos
En junio de 1929 los arreglos de paz inician el periodo conocido como Modus vivendi 37, fueron firmados por los arzobispos Leopoldo Ruiz Flores y Pascual Díaz y Barreto, así como por el gobierno del entonces presidente Emilio Portes Gil y el día 22 de ese mismo mes aparecieron en la prensa nacional, fueron firmados en Palacio Nacional por el presidente y el delegado apostólico. Este acuerdo molestó a los grupos que se levantaron en armas en defensa de la religión católica, principalmente a la Liga, pues no se les tomó en cuenta y mucho menos se les informó sobre el asunto, además después de dichas negociaciones tanto Leopoldo Ruiz y Flores y Pascual Díaz y Barreto recibieron nuevos nombramientos, el primero se convirtió en Delegado Apostólico y el segundo en arzobispo de México, cuestión que aumentó el malestar entre los católicos, pues parecía que habían hecho esos arreglos para obtener mejores puestos dentro de la iglesia.38
Es importante mencionar que el malestar entre los católicos se debió a que no lograron cumplir su principal objetivo, el triunfo jurídico, es decir, las reformas a los artículos 3, 24 y 130. Para los católicos que estuvieron luchando “don Pascual Díaz y Barreto y don Leopoldo Ruíz y Flores representaban la derrota...muchos prelados estaban por la resistencia a no pactar”39 “En el Vaticano no se hicieron declaraciones acerca de la resolución del conflicto y se observó el más absoluto silencio”40, por otro lado, “el arzobispo de México y el delegado apostólico, que desde 1927 habían chocado con la Liga, tenían decidido meter en cintura a los intransigentes, para que su política pudiera triunfar.”41 La cual se basaba en el orden de los feligreses y la subordinación de todos los prelados, mostrando una actitud de alegría hacia los arreglos.
Todo esto provocó que se realizara una campaña pública en su contra, en la cual los católicos solicitaban su retiro, “así tomó forma y se propagó el mito de la traición de los dos prelados, de quienes se decía que habían engañado al Papa sobre el carácter de los arreglos, forzándole la mano con verdadero abuso de confianza.”42 Y es que la situación de la Iglesia católica quedó igual que antes del levantamiento armado, pues lo único que se arregló fue que se reanudara la celebración de culto, no se hizo ninguna reforma constitucional, no se logró la conquista jurídica que tanto querían los miembros de la Liga.
Por ello, se dio otro levantamiento armado en 1932, pues seguía la inconformidad contra el gobierno y contra el actuar del episcopado, este segundo levantamiento es conocido como “La Segunda”, sin embargo, no tuvo el impacto del primero ya que muchas de las personas que se levantaron en armas la primera vez fueron perseguidos, encarcelados y asesinados, las filas de católicos dispuestos a regresar a las armas estaban mermada y por ello el gobierno pudo terminar rápidamente con el movimiento.
Liga Nacional de Defensa de la Libertad Religiosa
Como ya se había mencionado, la Liga se fundó en marzo de 1925, ésta fue “inspirada en el proyecto de “Liga Cívica de Defensa” del jesuita Bernardo Bergöend43 en el año de 1917”44, la cual tenía por objetivo preparar la acción católica en el orden social.45
Esta organización católica reunió a distintas agrupaciones como los Caballeros de Colón, las Damas Católicas, la Asociación Católica de la Juventud Mexicana, la Unión Popular, la Confederación Nacional Católica del Trabajo, la Adoración Nocturna, Unión Nacional de Padres de Familia, la Congregación Mariana de los Jóvenes y cualquier asociación católica que así lo deseara, miembros del extinto Partido Católico Nacional no podían faltar, “juristas, ingenieros, doctores, funcionarios, hombres de la Iglesia o vinculados por la Iglesia, tales eran los jefes de la Liga, ayudados por algunos militares del antiguo ejército federal”.46
Fue fundada el 9 de marzo de 1925, a dicha fundación asistieron representantes de la congregación mariana de jóvenes -Manuel G. del Valle, José Esquivel Alfaro-, de la federación arquidiocesana del trabajo -Juan Laine, Mariano Laris-, de la adoración nocturna -José Silva, José Rebollo, Reynaldo Manero- , la unión de damas católicas -Rafael Ceniceros y Villareal, Edelmiro Traslosheros-, los caballeros de la orden de colon -Carlos de Landeros, Fernando Silva, Luis Bustos-, la confederación nacional católica del trabajo Miguel Palomar y Vizcarra -, y la asociación católica de la juventud mexicana -Rene Capistran, Luis Ruiz47- A la cabeza de la organización quedaron Rafael Ceniceros y Villarreal, Miguel Palomar y Vizcarra y René Capistrán. Rafael Ceniceros y Miguel Palomar llevaban varios años de conocerse, y desde 1917 tenían la idea de formar una liga cívica para garantizar la libertad de la Iglesia, y no fue hasta 1925 que la idea se materializó. Rafael Ceniceros y Villarreal, fue militante del Partido Católico Nacional y gobernador del estado de Zacatecas por el mismo partido; Miguel Palomar y Vizcarra fue notario del Arzobispado y magistrado suplente del Supremo Tribunal de Justicia de Jalisco; Luis G. Bustos fue presidente del Consejo de Estado de la Orden de Caballeros de Colón; René Capistrán Garza en sus años estudiantiles formó parte de los grupos fundadores de la ACJM y de los Caballeros de Colón, además llegó a ser presidente de la ACJM.48
Los miembros que fundaron la Liga no eran improvisados ni en lo político ni en temas de organización cívica y en gran medida fueron unidos por Bernardo Bergöend pues los conocía desde hacía bastante tiempo y fue su guía en ese largo proceso, como lo mencionó Miguel Palomar en una entrevista brindada a Alicia Olivera 49 A la cabeza de la organización quedó Rafael Ceniceros con el cargo de presidente y Miguel Palomar como vicepresidente, René Capistrán en ese momento era presidente de la ACJM y primer general en jefe de la Liga.
A continuación, se muestra un esquema a partir de la historiografía existente y el material consultado en archivo, sobre la estructura de la organización.
El Comité Directivo, tenía la última palabra en todos los asuntos, se encargaba de autorizar o negar cualquier decisión que se creyera importante, por otra parte, el Comité Ejecutivo en un comienzo se encargaba de organizar a los adheridos, les informaba que pasos seguir y como organizarse en sus localidades, más adelante trató de dirigir a las personas que se levantaron en armas, otorgando los ascensos, la formulación de planes de acción, y trataba de ser un enlace entre los subcomités y el Comité Directivo, estos dos comités tanto el Directivo como el Ejecutivo se encargaban de darle forma y sentido a la Liga. El 14 de marzo de 1925 se ratificó su programa manifiesto y se propuso dar a conocer sus objetivos a la opinión pública mediante propaganda y a través de las diferentes asociaciones católicas.
En el momento en que se hizo público su manifiesto, las adhesiones comenzaron a llegar, personas enviaban cartas a Rafael Ceniceros y a Miguel Palomar principalmente para mostrar su apoyo. “Los suscritos mexicanos en pleno uso de sus derechos, profesando la religión católica apostólica y romana, con gran placer se han enterado por la prensa de hoy del manifiesto de ustedes para establecer la Liga de Defensa del catolicismo; y llenos de entusiasmo a la vez que animados de los más ardientes deseos por la defensa de la fe de nuestros padres, nos adherimos a dicha Liga”50 “Con positivo placer nos hemos enterado del manifiesto de ustedes publicado por la prensa de hoy, referente a la formación de una LIGA PARA LA DEFENSA DEL CATOLICISMO EN MÉXICO, a la cual con gran entusiasmo nos adherimos51. “con gran placer se han enterado por la prensa de hoy del manifiesto de Uds. Para establece la Liga de la Defensa del catolicismo; y llenos de entusiasmo a la vez que animados de los más ardientes deseos por la defensa de la fe de nuestros padres, nos adherimos a dicha Liga ofreciendo trabajar en la forma que se nos indique”.52
Como estos documentos se pueden encontrar varios, resulta interesante ya que la redacción en algunos documentos es muy similar o igual, para el 21 de marzo de 1925, tenía cientos de adhesiones con un mensaje de apoyo muy claro y agradeciendo el haber tomado la iniciativa para defender la fe del pueblo y ser los guías. Las adhesiones en un comienzo se dirigieron como ya se mencionó a Rafael Ceniceros y a Miguel Palomar y únicamente contenían el nombre completo de la persona y su firma, posteriormente el formato cambió y se les enviaba una dirección postal a la cual debían enviar las adhesiones dirigidas a Edmundo Belmonte, Juan Laine o Fernando García de Quevedo, con el nombre completo de la persona, firma, domicilio, cuota de inicio y cuota mensual, las cuales debían ser voluntarias.
Numerosos sindicatos católicos de varios estados del país se adhirieron como lo fueron de aguadores, zapateros, cargadores, albañiles, obreros, y herreros entre otros, todos se mostraban agradecidos y deseosos de comenzar a trabajar con la Liga. Posterior a las adhesiones se le enviaban cartas a las personas que habían enviado las adhesiones y se les preguntaba si en su localidad ya se había establecido la Liga, es decir un centro local, el cual estaba encargado de ir dirigiendo la acción en las localidades.
Estos centros locales debían establecer una mesa directiva la cual iba a estar encargada de transmitir la información y organizar a las personas, después se enviaba una terna para proponer al jefe local, mismo que era elegido por el Comité Ejecutivo. “Con fecha de 8 de enero de este año, se fundó en este un Sub-Comité de Defensa Religiosa...la mesa directiva quedó integrada de la manera siguiente: presidente – Félix Ledesma, secretario – Alfonso de la Torre, Tesorero – Carlos García, 1er Vocal – Felipe Mendoza, 2° Vocal – Sebastián Meza... Por ahora se está trabajando en la organización de los católicos porteños. Ya daremos en adelante más informes53 Y es que la Liga se dio cuenta que no podían seguir respondiendo a todas las adhesiones individuales y necesitaban un mecanismo más eficiente, por ello, los centros locales serían los intermediarios y enviarían las adhesiones juntas, además de mantener informada a la Liga sobre ocurría en las localidades.
El propósito principal de los comités locales era juntar adhesiones para engrosar las filas. “Accediendo a sus deseos, les manifestamos que desde luego deben integrar una Mesa Directiva o un Comité Organizador de esta L.N de D.R, y proponer desde luego a este Comité Ejecutivo una terna de candidatos para COMISARIO LOCAL nuestro en esa, con el fin desde luego se designase la persona que deba representarnos en esa...En cuanto a la labor que deben desarrollar por ahora, debe ser preferentemente de organización, obteniendo el mayor número de adhesiones y cuotas voluntarias para los crecidos gastos de esta Liga, y dividir las adhesiones por demarcaciones y cuarteles; hacer que la prensa católica de la localidad hable constantemente en pro de la Liga, con el fin de mantener vivo el amor a nuestra santo ideal. 54
Las cuotas eran vitales para la Liga, ya que gracias a ellas se solventaban los gastos. Del total de las cuotas reunidas, se enviaba el 15% al Comité Directivo, sin embargo, se enfrenaron a un gran problema, y es que las personas no siempre podían dar las cuotas mensuales, por lo tanto, había momentos en los que no contaban con fondos. “Ha sido en nuestro poder su atenta carta del 7 de febrero, de la cual desprendimos la cantidad de $0.92 (noventa y dos centavos) en timbres postales, como el 15% de lo recaudado por concepto de cuotas en la Jefatura que está a su digno cargo.”55
Cuando tenían fondos se enviaba a los centros locales tarjetas de adhesión y tarjetas para que pusieran las cuotas que se comprometían a enviar en adelante, además de una credencial que los distinguía como miembro, también se procuraba enviar copias del reglamento general y de las circulares, en las cuales se explicaba cuales iban a ser las acciones para seguir y especialmente para mantener los ánimos arriba. A la Liga se podían adherir mujeres y el grueso de sus adhesiones provenían del campesinado, quienes en su mayoría no sabían leer, escribir ni firmar, sin embargo, esto no era un obstáculo pues se les aceptaba como miembros y se les solicitaba la cuota mensual que era vital para la organización. “me permito hacer notas a esa secretaría que la mayor parte de mis socios son campesinos y por lo mismo no saben firmar ellos no pueden llevar las tarjetas de adhesión por no saber leer ni escribir” 56
Para defender la fe no importaba si eran campesinos u obreros, hombres o mujeres, si sabían leer o no, simplemente que fueran entusiastas católicos y que cumplieran con una cuota mensual. La Liga tuvo graves problemas de comunicación pues las personas se quejaban de que no les llegaban las respuestas a las cartas que habían enviado y por ello en ocasiones no sabían quién había sido nombrado jefe local o que era lo que seguía en la conformación del comité local, las adhesiones se atrasaban y los trabajos entraban en largas pausas, en consecuencia, el ánimo de la gente disminuía con los silencios prolongados.
En cuanto a la cuestión financiera, los fondos que recibía la Liga en un comienzo no se limitaron a las cuotas voluntarias de las localidades, algunos prelados les hicieron donativos, adhesiones y bendiciones. “Por encargo del Ilmo. y Rvm. Sr. Arzobispo, me es honroso contar a V. la atenta carta que con fecha del 28 pasado se sirvió dirigirle, para participarle muy gratas noticias sobre los trabajos y actividades de la Liga en el Estado de Chihuahua. Mucho agradece a V. esta designación S.S. Ilma. y Rvma. Cuyo paternal corazón se ha sentido grandemente consolado con tan gratas noticias; y desearía que todos los centros de esa benemérita asociación continuaran trabajando con mucho ahincó, imitando lo hecho en Chihuahua, pues es digno de todo elogio.” 57
“La Liga se dejó llevar por una marea favorable, inesperada, y concibió con ello las mayores esperanzas. Disfrutó de marzo de 1925 a septiembre de 1926 del apoyo de obispos.”58 Sobre todo de los obispos de Zacatecas y Huejutla quienes mediante cartas pastorales exaltaban a los feligreses a defender la fe, lo que implicaba apoyar el levamiento armado, cumplir con las cuotas o hacer todo aquello que se solicitaba en las circulares.
El Comité Directivo a finales de 1925 tomó la decisión de dividir en 11 zonas de trabajo el territorio para poder tener un mejor control, para ello informó a todos los Delegados Regionales y a la Jefaturas Locales para que supiera a que zona iban a pertenecer. La división quedó de la siguiente forma: Zona 1: Baja California, Sinaloa, Sonora. Zona 2: Chihuahua, Durango. Zona 3: Nuevo león, Tamaulipas, San Luis Potosí. Zona 4: Zacatecas, Aguascalientes. Zona 5: Colima. Jalisco, Nayarit. Zona 6: Guanajuato, Michoacán, Querétaro. Zona 7: Distrito Federal. Zona 8: Puebla, Veracruz. Zona 9: Morelos, Guerrero. Zona 10: Oaxaca, Chiapas. Zona 11: Campeche, Tabasco, Yucatán.59
Con esta división en zonas los Delegados Regionales debían establecer contacto de manera constante entre ellos para realizar los trabajos de organización en conjunto y mantener la zona en orden, siempre en busca de más adhesiones y manteniendo informado de todo al Comité Directivo. Debido a la falta de dinero, fue necesario crear una estrategia para conseguirlo, por ello se envió a René Capistrán de gira por varios estados del país para recolectar fondos. El comité Ejecutivo expidió una carta a su favor. “La presente acredita a al señor don René Capistrán Garza como miembro del Comité Ejecutivo de la LIGA NACIONAL DE DEFENSA RELIGIOSA y lo autoriza para hacer por diversas ciudades de la Republica, una colecta especial extraordinaria en favor del propio Comité Ejecutivo. Dicha colecta deberá hacerse a base de donativos personales de cien pesos”60
Esta gira resulto en un fracaso y se le solicitó ir a Estados Unidos a conseguir fondos, sin embargo, esto no resultó como la Liga esperaba pues no se les apoyó de modo alguno y comenzó a desconfiarse de Capistrán pues solicitaba dinero para permanecer más tiempo de gira sin ver los resultados que se esperaban. Los problemas internos no tardaron en surgir pues entre las giras de unos miembros y la falta de dinero, la Liga no pudo llevar a cabo los planes que tenía, ya que no estaban unidos ni organizados, no tenían buena comunicación con los adscritos y la falta de fondos impedía liderar el movimiento, aunado a esto, les faltaba un verdadero líder, uno que pudiera ir al frente y dirigir los trabajos en el campo, por ello es que se dieron a la tarea de buscar a uno.
El General Enrique Gorostieta quien “había sido un brillante oficial del ejército porfirista, cadete del Colegio Militar de Chapultepec, notable artillero”61 había luchado junto a Felipe Ángeles como teniente de artillería y participó en la defensa de Veracruz contra los norteamericanos; a los 24 años era el más joven general brigadier de la historia, pero la disolución del ejército federal en 1914 puso fin a su carrera militar62, cuando la Liga se puso en contacto con él, este aceptó liderar a la organización pues estaba resentido contra los revolucionarios que habían truncado su carrera.
Al principio Gorostieta tuvo problemas con la Liga ya que no lograba entrar en contacto con los cristeros y se le demandaban resultados, debido a su buen adoctrinamiento militar se puso en marcha para hacer nombramientos y dirigir combates, pronto la gente comenzó a seguirlo, pues en él veían a un verdadero líder, alguien que estaba con ellos en el campo de batalla, que sufría las mismas carencias y compartía los mismo ideales, las fuerzas cristeras constituían un ejército en toda forma, al que se le denominó Ejercito Libertador o Guardia Nacional63, sin embargo, ni ese líder, ni ese ejercito pudieron con la falta de dinero, municiones y comida, los federales pronto lo superaron y se dieron a la tarea de preparar una operación corta para asesinarlo, la cual tuvo éxito el 2 de junio de 1929.
Así la Liga se vio en graves problemas y al borde de la extinción, con la llegada de los arreglos de 1929, no les quedó más remedio que mantener su desacuerdo en silencio pues si bien sus líderes habían entrado y salido varias veces de la cárcel no querían que se hiciera definitivo “La Liga nacional se definió, desde su fundación, como una institución exclusivamente de carácter cívico y al entrar en el escenario político --no como partido, sino como frente de defensa de derechos y libertades cívicos-- justificó y precisó los ámbitos de la acción cívica, social y política con el fin de deslindar sus propósitos y alcances”.64
La Liga como organización fracasó con su principal objetivo, no se pudo poner al frente del conflicto armado y dirigirlo como se pretendía, por falta tanto de materiales como de organización y los constantes desacuerdos de quienes se encontraban a la cabeza. El Comité Ejecutivo y el Comité Directivo no lograban ponerse de acuerdo entre ellos por lo que solicitaban en numerosas ocasiones cosas diferente a sus adscritos, además la información no llegaba completa y en ocasiones no llegaba.
En un comienzo las personas creyeron que iban a generar un verdadero cambio e iban a liberar a la iglesia y al culto del gobierno opresor, sin embargo, esto fue producto de una euforia momentánea, pues conforme pasó el tiempo y se vio la falta de dirección y de comunicación los ánimos decayeron, las carencias surgieron y la inexperiencia afloró. Fueron pocos los lugares donde se tuvo éxito, contados los casos como el de Anacleto González Flores en Jalisco que gracias a su capacidad de liderazgo y organización pudo mantenerse en lucha, la Zona Quintanar en Zacatecas a la cual perteneció Aurelio Robles Acevedo también fue otro caso de éxito, y lo que tienen en común es que no se guiaron ciegamente por lo que la Liga estipulaba, siguieron sus instintos y organizaron a la gente a su alrededor para tomar acción, pues aunque la Liga quería ponerse al frente era ajena al mundo de los cristeros, de aquellos que se encontraban en el campo de batalla.
Es totalmente comprensible el enojo de aquellos que estuvieron luchando por años y que al final no se les tomó en cuenta en los arreglos, pues el enfrentamiento siempre fue entre el pueblo, ese pueblo que era en su mayoría campesino y el ejército, la jerarquía eclesiástica nunca estuvo al frente de nada y, sin embargo, fue a quien se consideró para lograr un acuerdo. “La Iglesia hizo una paz política, cuyo precio pagaron los cristeros.”65
Los cristeros pagaron por su fe, por luchar por aquello que creyeron justo y correcto, su libertad de culto, si bien no hay que olvidar que quien decidió suspender el culto fue la jerarquía eclesiástica, los cristeros en su mayoría campesinos, sin mucha educación y sin adoctrinamiento militar fueron amedrentados, perseguidos y asesinados por el gobierno.
La Guerra Cristera fue un movimiento de reacción, de defensa, pues el pueblo se movilizó para defender su fe.
Aurelio Robles Acevedo
Como ya se mencionó este trabajo no tiene el propósito de hablar del personaje sino de situar su acervo documental, sin embargo, es pertinente brindarle al lector un poco más de información sobre Aurelio Robles Acevedo con la finalidad de que comprenda mejor su papel dentro del levantamiento armado.
Aurelio Robles Acevedo nació en Potrero de Gallego, municipio de Valparaíso en el estado de Zacatecas, un 27 de julio de 1900, en el seno de una familia católica, fue el mayor de 8 hermanos y cuando tenía trece años su padre falleció, como primogénito debió hacerse cargo de la familia lo que lo llevo a trabajar como arriero. “Desde joven comenzó a acercarse al círculo de obreros católicos”66, esto lo convirtió en un hombre activo políticamente, por ello, al cerrarse la iglesia en Valparaíso en 1926, Aurelio junto con otros hombres decidieron levantarse en armas67 para defender la libertad religiosa, es a partir de esto que Aurelio queda inmerso dentro de unos los conflictos más importantes del siglo XX en nuestro país, la Guerra Cristera.
En 1926 Aurelio conoció a Pedro Quintanar un ex militar villista, con quien realizó las primeras acciones militares en el estado de Zacatecas, siendo Huejuquilla su primer gran triunfo. Gracias a las enseñanzas de Quintanar quien llegó a tener “cinco regimientos de 400 a 600 hombres”68 y el éxito obtenido en Huejuquilla, Aurelio estuvo al mando del Regimiento de Valparaíso, tuvo varias acciones militares en 1927.
Más tarde ese mismo año los cristeros de Zacatecas hicieron contacto con la Liga Nacional de Defensa Religiosa para trabajar en conjunto. Debido a esto “el General Gorostieta viajó a Huejuquilla, en donde otorgó ascensos y organizó los puestos públicos importantes. Fue así como el 28 de enero dicho General nombró a Aurelio Acevedo Segundo Jefe Organizador Civil y a la vez Organizador Militar del Movimiento en Zacatecas con el grado de coronel, bajo la tutela, en este segundo aspecto de Pedro Quintanar”.
Y es que el éxito que tuvo Pedro Quintanar fue conocido y amplio, por ello se llegó a conocer a la zona a su cargo como Zona Quintanar, pues no sólo se tomó la iniciativa de defender la fe de los habitantes en aquella zona, se creó todo un sistema, en el cual se imponían contribuciones para procurar la seguridad y la educación de los habitantes, lugar al que llegaban se trabajaba en conjunto con los habitantes, gracias a Aurelio se organizó un congreso constituyente para crear sus propias leyes y poder convocar a las autoridades administrativas y judiciales que se encontraban en funciones, todo estos les permitió trabajar con las autoridades municipales que eran controladas por los cristeros.
Aurelio no solo se destacó por el trabajo militar, también en los trabajos sociales, ya que ayudó y supervisó varias escuelas de la zona para que se mantuvieran activas, procuró que los campesinos tuvieran tierras productivas y con captación de agua suficiente, estuvo al pendiente de sus hombres y sus necesidades sin abandonar la lucha, sus hombres obtuvieron un alto grado de adoctrinamiento militar.
En 1929 comenzaron los trabajos de desmantelamiento de sus hombres pues el padre Encarnación Cabral los convenció de rendirse. Después de esto tanto Aurelio como Quintanar salieron de Valparaíso por su seguridad, pues era cuestión de tiempo para que comenzaran a perseguirlos ya que eran hombres conocidos. Por ello, Aurelio fue a refugiarse a Estados Unidos por casi un año y medio, al regresar al país la Liga seguía en contacto con él, y sabia sobre todos los logros que había tenido años antes, es así que en 1932 lo nombró jefe de operaciones de Zacatecas y al año siguiente jefe del Comité Especial de la organización, este puesto le permitió generar y guardar documentación importante sobre la primera y segunda guerra cristera.
En 1935 comenzó a trabajar como impresor para poder sostener a la familia, un año más tarde funda el David, un periódico clandestino que, hacia propaganda a favor de la segunda Guerra Cristera, en este periódico Aurelio se dedicaba a “dar consejos y buscar un jefe para el movimiento” y era su forma de combatir, en 1939 se dejó de publicar este órgano propagandístico y únicamente siguió con el oficio de impresor, hasta 1952, año en cual comienza otra publicación Benjamín David, una revista que buscaba exaltar los hechos heroicos de los caídos.
En 1968 a las 3:30 pm a la edad de 67 años Aurelio Robles Acevedo llegó al final de su vida, sus restos se encuentran en el Panteón Jardín de la Ciudad de México.
Bibliografía
1 Yves Bernardo Roger Solís Nicot, “La cristiada y la radicalización del pensamiento de los obispos mexicanos” en Franco Savarino y Andrea Mutolo (coord.), Iglesia Católica, anticlericalismo y laicidad, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 2014, p. 110
2 Solís Nicot, La cristiada y la radicalización..., p.111.
3 Miguel Palomar y Vizcarra fue un abogado, escritor y miembro fundador del Partido Católico Mexicano y de la Liga Nacional de Defensora de la Libertad Religiosa. Fue un referente de la acción católica.
4 James W. Wilkie, Edna Monzón de Wilkie, “Miguel Palomar y Vizcarra”, México visto en el siglo XX, México, Instituto Mexicano de Investigaciones Económicas, 1969, p.202
5 Rafael Ceniceros y Villareal fue un escritor y político mexicano, gobernador del Estado de Zacatecas y uno de los jefes del Partido Católico Nacional, también fue presidente de la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa y al igual que Miguel Palomar y Vizcarra fue un referente en la acción católica del país.
6 Según un manuscrito de Rafael Ceniceros “había costado la vida al prestigiado general Ángel Flores. Este murió envenenado, según la presunción establecida por el derecho penal” este documento se encuentra resguardado en el CEHM, FONDO CLXXXVI. Manuscritos del movimiento cristero, carpeta 1, legajo 82, manuscrito sin firma. En la carpeta 2, legajo 51, aparece completo este documento. Fue terminado o elaborado por Rafael Ceniceros Villareal.
7 Francis Patrick Dooley, Los cristeros, Calles y el catolicismo mexicano, trad. Ma. Elena Martínez Negrete, México, SepSetentas, 1976, p.50
8 Wilkie, Miguel Palomar y Vizcarra..., p. 186
9 Anacleto González Flores creó la UP para organizar a los católicos y luchar contra la persecución religiosa en Jalisco. Este personaje se convirtió en el líder más efectivo de dicho estado, para la Liga fue de gran importancia su participación en el conflicto.
10 Francis Patrick Dooley asegura que “La ACJM funcionó como semillero de muchos grandes rebeldes cristeros” ya que fue un instrumento de oposición al gobierno.
11 El Universal, 21 de marzo de 1925, en Las relaciones Iglesia-Estado en México 1916-1992, t. 1, México, El Universal, 1992, pp.99-100.
12 Estos artículos eran importantes para los católicos ya que el artículo 3° habla sobre impartición de la educación garantizada en este caso católica que se sustentaba por el artículo 24 y la libertad de creencias; el artículo 130 establece que el Congreso no puede dictar leyes estableciendo o prohibiendo religión cualquiera.
13 Wilkie, Miguel Palomar y Vizcarra..., p. 191
14Meyer, La Cristiada. 2 el conflicto entre la iglesia y el estado 1926-1929, vol.2, México, Siglo veintiuno, 1973, pp 261-273.
15 La Ley que reformaba el Código Penal establecía: ser mexicano de nacimiento para ser ministro de culto, enseñanza laica y, por ende, prohibición para que la Iglesia estableciera escuelas primarias y desconocimiento de los estudios religiosos, prohibición de las órdenes monásticas y conventos, prohibición a los sacerdotes de hacer declaraciones políticas en contra de las autoridades constituidas y de las leyes fundamentales del país, prohibición de asociación política, celebración de culto sólo en los templos, prohibición de tener bienes. Finalmente, los templos pertenecerían a la nación. Las sanciones que se aplicarían iban desde multas hasta suspensión del oficio.
16 Meyer, La Cristiada. 1 la guerra de los cristeros, vol.1, México, Siglo veintiuno, 1973, p.97.
17 Carta, Archivo Histórico de la Universidad, Autónoma de México, México, Aurelio Robles Acevedo, caja 6, exp. 20, f.279.
18 Carta, 9 de julio de 1925, Pachuca, Archivo Histórico de la Universidad, Autónoma de México, México, Aurelio Robles Acevedo, caja 7, exp. 25, f.1414
19 Meyer, La Cristiada. 1 la guerra de los cristeros..., p.41
20 Meyer, La Cristiada. 1 la guerra de los cristeros..., p.49
21Meyer, La Cristiada. 1 la guerra de los cristeros..., p.127.
22 Como es el caso de Pedro Quintanar (ex villista) y más adelante a Enrique Gorostieta. 54 Meyer, La Cristiada. 1 la guerra de los cristeros..., p.123.
23Meyer, La Cristiada.1 la guerra de los cristeros..., pp.147-152.
24Meyer, La Cristiada.1 la guerra de los cristeros..., p.157.
25 Solis Nicot Yves Bernardo Roger, “El fin de la intransigencia de los Obispos y los Arzobispos mexicanos”, Caminhos-Goiânia, Pontificia Universidade Catolica de Goias, Brasil v. 13, n. 1,2015, p.112
26 Solis Nicot, El fin de la intransigencia de los Obispos..., p.115
27 Meyer, La Cristiada.1 la guerra de los cristeros..., p.247
28 Meyer, La Cristiada.1 la guerra de los cristeros..., p.148
29 Wilkie, Miguel Palomar y Vizcarra..., pp. 201-202
30 Meyer, La Cristiada. 3 los cristeros, vol.3, México, Siglo veintiuno, 1973, p.203.
31 Meyer, La Cristiada.1 la guerra de los cristeros..., p.249.
32 Solis Nicot, El fin de la intransigencia de los Obispos..., pp. 110-130.
33 Wilkie, Miguel Palomar y Vizcarra..., p. 212
34 Meyer, La Cristiada.1 la guerra de los cristeros..., pp. 340-377.
35 Fue el término que se utilizó para describir dicho acuerdo, ya que Modus Vivendi es una locución latina que significa "modo de vida" o "forma de vida". A menudo se usa para referirse a un arreglo o acuerdo que permite que las partes en un conflicto coexistan en paz.
36 Carta, Archivo Histórico de la Universidad, Autónoma de México, México, Aurelio Robles Acevedo caja 6, exp.20, f.310.
37 Wilkie, Miguel Palomar y Vizcarra..., p.193
38 Andrea Mutolo “El anticlericalismo desde el interior de la iglesia católica”, en Franco Savarino y Andrea Mutolo (coord..), El anticlericalismo en México, México, Porrúa, 2008, p.115
39 Meyer, La Cristiada.1 la guerra de los cristeros ...p.331
40 Meyer, La Cristiada.1 la guerra de los cristeros ...p.333
41 Jesuita francés, fundador y guía de la Asociación Católica de la Juventud Mexicana, fomentó la creación del Partido Católico y de la Liga Nacional de Defensa de la Libertad Religiosa, gran creyente de la encíclica Rerum Novarum del Papa León XIII publicada en 1891, en la cual se hace un llamado a contrarrestar las injusticias y a ser más activos en las acciones sociales, hago esta mención porque como bien menciona Yves Solís una encíclica es el sustento legítimo en el cual se basan los jerarcas para enunciar y expresar su pensamiento y legitima o cuestiona el poder.
42 Martha Patricia Torres Meza, El proyecto social y político de la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa, 1925-1929, Instituto Mora, México, 1998, p.26.
43 Desde 1903 comenzó a gestarse la acción católica con el primer Congreso Católico organizado por el Obispo Ibarra de Puebla, seguido por otros congresos tanto en Guadalajara como en Morelia, además de los círculos católicos, los cuales eran espacios de reunión para amigos católicos con miras al orden social y cívico.
44 Meyer, La Cristiada.1 la guerra de los cristeros..., p.53
45 Acta, 9 de marzo de 1925, Centro de Estudios de Historia de México, México, Manuscritos del movimiento cristero, fondo CLXXXVI carpeta 1, doc.83.1.
46 Wilkie, Miguel Palomar y Vizcarra..., pp 164-186.
47 Alicia Olivera, Miguel Palomar y Vizcarra y su interpretación del conflicto religioso de 1926, México, Instituto Nacional de Antropología e Historia, 1970, p.10.
48 Carta, Archivo Histórico de la Universidad Nacional Autónoma de México, México, Aurelio Robles Acevedo, caja 6, exp. 21, f.1441,f.1443, f.1444 ,f.1445. En estos documentos la redacción es la misma.
49 Carta, Archivo Histórico de la Universidad Nacional Autónoma de México, México, Aurelio Robles Acevedo, caja 6, exp. 21, f.1441,f.1443, f.1444 ,f.1445. En estos documentos la redacción es la misma.
50 Carta, Archivo Histórico de la Universidad Nacional Autónoma de México, México, Aurelio Robles Acevedo, caja 6, exp. 21, f. 1446.
51 Carta, Archivo Histórico de la Universidad Nacional Autónoma de México, México, Aurelio Robles Acevedo, caja 6, exp. 21, f.1441.
52 Acta, Archivo Histórico de la Universidad Nacional Autónoma de México, México, Aurelio Robles Acevedo, caja 6, exp. 21, f.1524, f. 576.
53 Carta, Archivo Histórico de la Universidad Nacional Autónoma de México, México, Aurelio Robles Acevedo, caja 7, exp. 27, f. 2164.
54 Carta, Archivo Histórico de la Universidad Nacional Autónoma de México, México, Aurelio Robles Acevedo, caja 7, exp. 27, f. 1997.
55 Carta, Archivo Histórico de la Universidad Nacional Autónoma de México, México, Aurelio Robles Acevedo, caja 7, exp. 26, f. 1888.
56 Carta, Archivo Histórico de la Universidad Nacional Autónoma de México, México, Aurelio Robles Acevedo, caja 7, exp. 27, f. 2296.
57 Meyer, La Cristiada.1 la guerra de los cristeros ...p. 63
58 Carta, Archivo Histórico de la Universidad Nacional Autónoma de México, México, Aurelio Robles Acevedo, caja 7, exp. 27, f. 1884, f.2086.
59 Carta, Archivo Histórico de la Universidad Nacional Autónoma de México, México, Aurelio Robles Acevedo, caja 7, exp. 26, f. 1676.
60 Meyer, La Cristiada.1 la guerra de los cristeros ...p.199
61 Acosta Rico Fabian, “Discusión y controversias actuales y pasadas en torno a la muerte del General Enrique Gorostieta”, El tiempo Jalisco, México, año IX, núm.27, 2014, pp. 5-23
62 Marta Elena Negrete, Enrique Gorostieta: un católico agnóstico, México, El Caballito, 1981, pp.39-44
63 Torres Meza, El proyecto social... p. 27
64 Meyer, La Cristiada.1 la guerra de los cristeros ...p.385.
65 Maldonado Montiel, Catalogación de Archivo “Aurelio Robles Acevedo”, con un estudio introductorio sobre la Publicación “David” y Semblanza de Aurelio Robles Acevedo, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1988, p.47.
66 Esto era de esperarse ya que el círculo de obreros católicos tenía tiempo organizándose para la defensa de los católicos y sus derechos, y desde la Revolución el movimiento se intensificó y creció especialmente en Jalisco, Guanajuato, Michoacán y Zacatecas.
67Meyer, La Cristiada. 3 los cristeros ...p.202. 68 Maldonado Catalogación de Archivo ...p. 51.
Damas 36, San José Insurgentes C.P. 03900 Benito Juárez Ciudad de México Tel. 55630201 email: conartesacro@gmail.com


