La Luz de Luz, vitral alegoría divina

Los vitrales como elemento catequético.

ARTESAGRADOVITRALES

Jaime Pérez Guajardo

1/8/20266 min read

Resumen:

Aquí se presenta una doble vocación de los vitrales, partiendo de los elementos constructivos del inmueble eclesiástico, la fábrica arquitectónica y los vitrales, haciendo referencia a los comentarios de san Agustín de Hipona sobre el Evangelio de san Juan, aplicándolos a la rica simbología de los vitrales católicos, comenzando por los índices originarios con su rica carga catequética de referencia bíblica, hasta la más llana catequesis requerida por el pueblo común.

Históricamente, en el concilio de Nicea, la iglesia enfrentó la necesidad de resolver intensos debates teológicos sobre la divinidad de Cristo. Fue aquí donde se afirmó que el Hijo es "consubstancial" al Padre, es decir, que comparte la misma esencia. Esta declaración es crucial, ya que posiciona a Cristo no solo como un profeta o mensajero, sino como verdadero Dios, coeterno con el Padre. En el segundo concilio ecuménico, celebrado en Constantinopla en el año 381, esta formulación se mantuvo y se enriqueció, reafirmando que el Hijo es "luz de luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado no creado." Esta alegoría divina se convierte así en un pilar de nuestra comprensión cristológica.

1. Elementos constructivos

La capacidad creativa del ser humano le asemeja al Creador de quien todo bien procede, le permite participar de dos modos principales: en el ejercicio inmaterial de la inteligencia uniéndose así a la Sabiduría, tanto por don recibido por Dios, como por ejercicio deseado del artista, quien en su mente erige obras magníficas, capaces de pasar al segundo ejercicio; la vinculación con los materiales de su entorno manifestación física de cuanto ha concebido en la imaginación. 

En el caso de los vitrales estos dos ejercicios se materializan también en dos elementos constructivos fundamentales: la firmeza elevada como manifestación del poder humano en la fábrica del edificio, diálogo humano con la orografía montañosa de donde proceden muchos de los materiales y a las que el edificio recuerda; También forma parte del conjunto el elemento transparente y sutil de los vitrales.

2. Simbología

En el espacio sagrado el símbolo contiene en sí algo de lo representado, así la fuerza, sudor y empeño de los antepasados está contenido en las piedras de la edificación que frecuentemente resguardan también sus restos mortales por generaciones, la obra de sus manos en la multiforme expresión del arte sacro y desde luego la inmaterialidad de las oraciones ondulantes en los espacios como incienso siempre nuevo e igual. Están allí como sentencias proféticas iluminadoras de la fe:

El justo vive de fe2. No podrían conseguir la fe estas almas más pequeñas, si las otras mayores, llamadas aquí montañas no fuesen iluminadas por la misma Sabiduría para con esta luz poder transmitir a las pequeñas lo que éstas sean capaces de entender.3

El testimonio voluntario es importante pero más aún es el testigo que encarna en su propio ser e historia cuanto proclama con una fuerza sobrehumana, no es sólo él quien comunica, es el mismo Dios quien a través de él se comunica. El testigo es algo así como traspasado por la divinidad, materializa una presencia superior en su afán cotidiano, con la fisonomía propia, en aquel sitio donde la próxima generación busca la tra-dición (entendido como lo dicho a través de): cuando levantamos nuestros ojos a las Escrituras, levantamos nuestros ojos a los montes de donde nos vendrá el auxilio; pero, porque eran hombres esos mismos que escribieron las Escrituras, no brillaban con luz propia, sino que la verdadera Luz era ese mismo que ilumina a todo hombre que viene a este mundo4

La Verdad a través de otros nos llega por don del Creador, implicando un esfuerzo meritorio al que Jesucristo se refiere señalando al profeta Isaías cuando los ciegos ven y los sordos escuchan.

3. Catolicidad de los símbolos originarios

En el mundo de la hermenéutica cristiana la gradualidad del signo, símbolo, sacramental, sacramento, invita a un ejercicio permanente para vitalizar lo que allí está. El signo índice se caracteriza por el contacto con la realidad más próxima y auténtica, como es la sangre y el agua. En este mismo nivel de originalidad está la luz, tan íntima en la vida humana desde nuestra llegada al mundo, el ritmo de las jornadas, las estaciones, la mirada, el ejercicio mental, etc.

Y la vida era la luz de los hombres5. De esta vida reciben los hombres la iluminación. Los animales no reciben la iluminación, porque los animales no tienen mentes racionales que puedan ver la sabiduría. En cambio, el hombre ha sido hecho a imagen de Dios, tiene mente racional mediante la que pueda percibir la sabiduría. Esa vida, pues, mediante la que todo se hizo, esta misma vida es la luz; no la luz de cualesquiera seres vivos, sino la luz de los hombres. Por eso dice poco después: Era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo.6

Las culturas originarias hacen referencia a estos signos, frecuentemente llevándolos a la categoría de símbolo, como sucede en Mesoamérica y Egipto donde la vinculación con la vida y el sol son tan estrechos, sin causar conflicto alguno al referir la divinidad semejante al astro del que procede el calor, la luz, el calendario, en resumen, la vida. Así la luz tiene la fuerza de la zarza ardiente sin extinguirse cuyo nombre es Yo Soy.

Todos los pueblos tienen estas expresiones, cada uno lo expresará con matices particulares, como son los rayos del sol distintos en cada región del globo terrestre.

4. Catequesis primaria de los vitrales

El vitral es un profeta, un catequista cuyo primer mensaje es la transparencia de su ser, el testimonio de estar allí al servicio de la Luz. A través de él se vitalizan los espacios sagrados con el pasar del tiempo, la movilidad de los rayos, la difracción de la luz, incluso las sombras comunican el mensaje primario y fundamental con el índice apuntado a la fuente misma de la vida, la proclamación del tiempo y de la eternidad, integrado en Jesucristo:

No se aparte de Cristo nacido mediante la carne, hasta llegar a Cristo nacido de un único Padre, Palabra Dios con Dios, mediante la que se hizo todo, porque es esa vida que en aquélla es la luz de los hombres.7

El mensaje fundamental se renueva cada día, en la serenidad, tempestad, paz o guerra allí la luz aparece sobre buenos y malos como dijo Jesús de la lluvia, concretando en el presente la Verdad definida en Constantinopla en el año 381, con la confesión del "Hijo Único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero”, el camino descendente de la divinidad abajada.

5. Catequesis secundaria de los vitrales

El interior de la inmensa construcción de roca puede estar iluminado por los vitrales, sin embargo, la ceguera humana discrimina la proclamación descrita anteriormente. La mente ajena a lo divino necesita una explicación mas cercana, mostrando a los miembros de las cofradías el trajín de la vida diaria, la operación del gremio, las angustias y esperanzas teñidas de color, con historias de santos, costumbres del pueblo, escudos nobiliarios, leyendas, flora y fauna del lugar, como describe san Agustín: Pero corazones quizá necios no pueden captar esta luz, porque los oprime el peso de sus pecados, para que no puedan verla. Pero no piensen que la luz está ausente, precisamente porque ellos no pueden verla. Ellos, en efecto, son tinieblas por sus pecados. Y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la comprendieron8.

Es cuando la técnica de los colores también participa recordando las tierras o minerales combinados con el vidrio, el plomo mismo habla del peso inmediato de la vida. Es la ofrenda, el acto penitencial, el camino ascendente del ser humano hacia Dios, se eleva todo aquello que vino a ser iluminado por la Luz de Luz.

  1. 1C.E.C. 242.

  2. 2Rm 1,17; Ha 2,4; Apud. Agustín, Obras completas, versión española, Homiléticas, Tratados sobre el Evangelio de San Juan, I, 6, FAE-BAC. 3

  3. Idem. 

  4. Cf Jn. 1,9

  5. Jn 1,4

  6. Jn 1,9. Apud. Agustín, Tratado… I, 18.

  7. Agustín, Tratado… 17.

  8. Jn 1,5; Apud. Agustín ...I, 19

                                                                                                          Jaime Pérez Guajardo